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lunes, marzo 07, 2011

Capítulo 80

IMPORTANTE: Necesito que leais la siguiente entrada a esta pues hago una serie de aclaraciones respecto al blog. Un beso

¿Qué hacía tumbado en aquel paraje oscuro? No recordaba haber llegado hasta allí. Era un lugar desértico, perdido en la nada. Levanté mi cabeza, lo que provocó una punzada de dolor de alguna parte de mi cerebro. Descansé unos segundos y volví a intentarlo, todo me daba vueltas. Recorrí con una rápida mirada todo aquello que me rodeaba. Ni rastro de civilización a mi alrededor, ni edificios, ni el murmullo de coches, nada.
Estaba tirado en la arena de algún lugar que no reconocía y en mi interior una punzada de ansiedad me decía que me estaba dejando algo olvidado en el fondo de mi ser. Pero no conseguía comprender qué era aquello.
Lo último que recordaba era esperar en la calle, a algo o… a alguien.
Me arrastré un poco por aquella arena fina y una arcada convulsionó mi estómago. ¿Qué me estaba pasando? Tuve que controlar la sensación de vómito. Hacía siglos que no tenía esa sensación.
“Venga Sam” me animé “Levanta de una vez” Con una gran fuerza de voluntad logré quedarme a gatas, pero todo aquel paisaje me daba vueltas y algo húmedo resbalaba por mi cuello. Una gota se estampó de mala manera en la arena y me preocupé al ver aquella tonalidad entre negro y rojo enfermiza. Haciendo un esfuerzo inhumano elevé una de mis manos a mi nuca donde me encontré con un líquido pringoso. Tuve un mal presentimiento que se vio confirmado cuando visualicé mi mano empapada en sangre. ¡Joder! No era capaz de recordar si quiera la última vez que había visto mi sangre, la mía.
Y me asusté, igual que un niño que teme que en su armario estuviese el peor de los monstruos. Para mi aquel monstruo era la muerte, aquella que había podido experimentar ya dos veces. Primero como humano y después como ángel.
Ahora entendía los vahídos que sufría, así como la sensación de debilidad, pues mi cabeza no paraba de chorrear sangre.
A lo mejor exageraba un poco, pues ni siquiera sentía el dolor de la herida en mi carne, pero la impresión que daba el verme herido…
Cuando fui capaz de controlar la sensación de mareo que precedía al vómito, me incorporé y me puse de pie. Me quité la sudadera para poder hacer presión sobre la herida. Que no me doliese no indicaba que no fuese capaz de matarme.
Suspiré. Ahí estaba de nuevo esa sensación, la que me obligaba a pensar si se me olvidaba algo. Me devané los sesos tratando de encontrar qué era lo que faltaba, qué había estado esperando.

- Sam. – apenas un susurro, una voz teñida de llanto y agonía. Di una vuelta rápidamente tratando de encontrar la procedencia de esa voz. Graso error, pues el mundo me dio vueltas y acabé de nuevo en el suelo.

Con un gran esfuerzo conseguí volver a levantarme. Inspeccioné el terreno intentando orientarme de alguna forma, pero fue imposible. Así que opté por la opción más fácil, y quizás también la más estúpida: comencé a caminar a la deriva.
Poco a poco comencé a sentirme mejor, la sensación de que mis tripas eran de fuego se apaciguó y empecé a pensar con más claridad.
Comencé a indagar en lo que me había pasado para haber acabado en ese desierto.
Estaba con las chicas… Algo pasó, no recordaba exactamente qué fue, pero provocó que las chicas se angustiasen y se agobiasen… Yo mantenía la calma… Hasta que… Hasta que me llamaron… Otra pequeña laguna.
Salí de la casa para esperar en la esquina, como ya he argumentado, a algo o a alguien. No conseguía descifrar aquello. Y entonces apareció ella. Con su cabello rubio ondeando en la niebla y la nieve que caía, parecía un espectro. Lentamente se acercó hacia mí, mientras susurraba palabras de cariño, solo que saliendo de su boca se me antojaban como el veneno que se acumula en los colmillos de una serpiente antes de atacar.
Apoyó una de sus manos en mi brazo y entonces no hubo otra cosa en el mundo que sus ojos, de un azul acerado, me perdí en ellos. Y su boca, enseguida tuve que aprisionar sus labios con los míos. Un gemido gutural, casi animal se escapó de mi pecho mientras nuestras lenguas se entrecruzaban en un baile de sensaciones.
Tuve que hacer un gran uso de mi fuerza de voluntad para no destrozarle la ropa allí mismo. Y entonces paré. Algo se me olvidaba, tenía que hacer algo.
Ella me sujetó la cara de forma que me obligó a volver a mantener el contacto visual y físico y fue entonces cuando noté el golpe en la cabeza y todo se volvió negro.
Katherin. Había sido ella quien me había llevado a aquel paraje. Pero no entendía cómo había llegado a pasar aquello entre nosotros. Ahora me repugnaba solo el pensar que había vuelto a besarla y desearla de aquella manera. Me daba pena, pues sería peor para ella en un futuro.
Hacía frío, podía sentirlo. Hacía el frío suficiente como para matar a un humano, pero yo no era humano y podía soportarlo.

- Sam… Sam… Sam… ¡SAM! – un llanto desconsolado prosiguió a esas palabras, no identificaba la voz pero provocaba una profunda tristeza en el fondo de mi ser al escucharla de esa forma. Empecé a pensar que me estaba volviendo loco.

Me quedé petrificado por un momento mirando a mis lados con la intención de encontrar a la mujer que me llamaba que se estaba desgarrando la garganta al pronunciar mi nombre.
Nada. No había nadie allí.
Caminé durante lo que a mi se me antojaron horas, y así debía de ser pues cuando me quise dar cuenta estaba amaneciendo. La tenue luz del sol me reconfortó de una forma que me pareció incluso estúpida.
Siempre me había encantado ese halo de divinidad que aquella esfera contenía, me quedé embobado mirándolo hasta que se grabó en mi retina. A pesar de que me dolían las piernas seguí caminando. Por suerte podría aguantar varios días sin comer ni beber, pero las chicas no podrían sobrevivir más de una semana sin mi. Ni si quiera sabía como lo había conseguido Katherin. Volví a pensar en lo ocurrido, regañándome por lo que había hecho otra vez.

- Por favor, ayúdame. – Ahí estaba de nuevo. La voz. – Sam… Te quiero.

Esta vez pude distinguir que no provenía de otro sitio más que de mi cabeza. La voz se esparcía por todo mi cuerpo. Por toda mi alma. Alma…
¡Alma!
Ella era quien me llamaba, quien desesperada gritaba mi nombre. Se moría, ahora podía notarlo con claridad. El dolor, el llanto, la desesperación y aquella horrible angustia que me llenaba por dentro y a la vez me destrozaba.
Tenía que encontrarla. A lo lejos visualicé lo que podía ser la sombra de un viejo poblado. Y corrí, corrí como nunca lo había hecho en la vida, desesperado por alcanzar aquella muestra de civilización. Tenía que encontrar la manera de escapar de allí e ir a por ella, y salvarla, salvarla de lo que se podría convertir en su muerte y mi propia perdición.

7 comentarios:

  1. ¡Hola! Me ha gustado mucho tu blog. Escribes muy bien, a si que si no te importa, te voy a seguir.

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  2. Amandaaaa!!! Ya exabas de menos mis comentarios verdaaad? Por fin he podido ponerme al dia otra vez! Lo siento x no haberte leido antes pero esqe los examenes,ya sabes :S Asi qe soy una de tus niñas predilectas eeehhh? Jajaja qe ricaa :) Ay dios mio! Que sam se ha liado otra vez cn la zorra de katherin?!! NOOOO T.T Pobre almaaa! Que x cierto porke la han secuestrado esos 2?? :O Osea ya estas subiendo el siguiente capitulo x favor!! Jajajaja Un besooo!

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  3. oye este capitulo me ha encantado de veras!

    Yo quiero un libro tuyo!!

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  4. va a haber mas??o se queda en el 80?

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  5. Buenas. No voy a subir más al blog, pero los sigo escribiendo y quien quiera la historia completa que me mande un correo a roa.j-93@hotmail.com Un beso!

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  6. he estado releyendo... XD
    Tenía que decirte que lo que más me gusta de tu historia no es el argumento en sí, es la forma de contarlo lo que me atrapa :)
    Nunca dejes de escribir!

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  7. Me gusta mucho tu blog, y como sé la de sonrisas que hace un nuevo seguidor, desde hoy te sigo.
    Yo también tengo un blog y me haría ilusión que tú también me siguieras.
    Es este:
    http://paraalimentarmedetisolonecesitotuaire.blogspot.com/
    Te espero, pasate, me harías feliz como yo te e echo a ti.
    Un besazo, y te esperoo!

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